Conversaciones en el FORO GOGOA

RAFAEL DÍAZ-SALAZAR
Profesor de Sociología

“Millones de individuos no llegan a ser personas: su vida es solo producir, consumir y divertirse”
“Nuestra sociedad es muy pobre en sabiduría vital. Precisamos recuperar sabidurías de culturas y religiones que nos enseñan qué es vivir bien”
“Hay que hacer valer un proyecto educativo basado en el cultivo de la interioridad, la iniciación al activismo social y el desarrollo de estilos de vida alternativos”
“Somos lo que hacemos. La acción es el principal medio de aprendizaje intelectual, emocional, moral, espiritual, estético y político”

Rafael Díaz-Salazar es profesor de Sociología y Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. En su tercera visita al Foro Gogoa habló sobre su último libro “EDUCACION Y CAMBIO ECOSOCIAL”

Javier Pagola
-¿En qué encrucijada se encuentra ahora mismo la educación?
-Millones de individuos no llegan a convertirse en personas porque reducen su vida a producir, consumir y divertirse. Su objetivo vital es obtener el máximo de experiencias sensoriales de bienestar material y de confort. Es posible que esos individuos nunca lleguen a conquistar el estado de humanidad. En nuestra sociedad se tiende a identificar educación con enseñanza, y ésta con contenidos curriculares cada vez más vinculados a la competitividad capitalista y a la mercantilización de la vida humana. Los poderes económicos pretenden mermar la dimensión humanizadora de la enseñanza e ir reduciendo al máximo los contenidos y prácticas del arte, literatura y filosofía, y la formación del carácter y la personalidad. No hemos nacido para trabajar y consumir, sino para vivir en plenitud y en fraternidad. Hay que hacer valer un proyecto educativo basado en el cultivo de la interioridad, la iniciación al activismo social y el desarrollo de estilos de vida alternativos. Al orientar una educación para el futuro la UNESCO propone los cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, y aprender a ser; a los que yo añadiría: aprender a transformar la realidad.

-¿Cuáles son las estrategias indicadas para llevar adelante ese aprendizaje?
-Hay muchas experiencias de innovación educativa en nuestro país: necesitamos construir un banco estatal de buenas prácticas escolares. Debemos fortalecer la influencia del sistema educativo en la disminución de las desigualdades; para ello las prioridades en recursos humanos, económicos y sociales en el ámbito educativo han de concentrarse en los sectores empobrecidos. Necesitamos poner en relación y coordinar mejor la acción educativa de la familia, el profesorado y los movimientos que actúan en el tiempo libre y la educación no formal. Precisamos recuperar las sabidurías emancipatorias que hay en las diferentes culturas, y explorar las experiencias de las religiones que nos enseñan qué es vivir bien, para liberarnos del modelo de sociedad de mercado. Tenemos que activar la formación de ciudadanos creadores de democracia expansiva y participativa. En todo ello ha de estar presente una perspectiva ecologista que, en mi opinión, es la que mejor puede contribuir a un cambio sustancial de la interioridad humana y de las relaciones de producción.
-Apostar por un modelo ecosocial como núcleo de la educación, ¿qué supone?

-Ante todo adoptar una actitud de respeto y veneración de la naturaleza, y transformar el modo de producción, transporte y consumo capitalista; para eso hay que diseñar e ir realizando una gran transición ecologista en la agricultura, la industria, la ordenación del territorio, la energía, la vivienda, el agua, la alimentación, el transporte, el urbanismo, los sistemas de comunicación y la organización de los tiempos de vida. Luego, hay que crear relaciones sociales de producción basadas en los bienes comunes y no en la obtención de plusvalía. Hace falta promover una cultura de la autocontención, la precaución, el límite, la frugalidad, los cuidados, y la responsabilidad hacia las futuras generaciones; y, al par, hacer viables proyectos de vida que logren niveles dignos de justicia material. Por fin, como objetivos, proponernos una transformación personal basada en la construcción de un yo ecológico que mantenga un fuerte vínculo entre la vida interior y la naturaleza, y, en paralelo, una transformación social hacia una ciudadanía ecológica que realice activismo en movimientos sociales y adopte estilos de vida ecológicos.

-Según todo eso, ¿en qué consiste la educación para usted?
-Considero que la educación es la formación de la mentalidad, los sentimientos, los deseos y los comportamientos del ser humano. Necesitamos formarnos como sujetos morales, y la educación es un proceso de socialización en que aprendemos e interiorizamos valores y conductas. La finalidad educativa es configurar un sujeto personal que construya una rica vida interior y contribuya, como activista, a un cambio ecosocial. Somos lo que hacemos. La acción es el principal medio de aprendizaje intelectual, emocional, moral, espiritual, estético y político.

-Si somos lo que hacemos, ¿cómo se puede educar para el activismo social?
-Hay millones de personas que quieren a sus familiares y amigos, pero son indiferentes ante los problemas sociales que no les afectan de manera directa. Esa indiferencia, de eternos inocentes ante la injusticia y el sufrimiento de nuestros semejantes, no es vida, sino muestra de apatía o cobardía; es propia de gente extraña a la ciudadanía común. En un proyecto educativo hay que enseñar a descubrir las causas estructurales de los problemas, y mostrar las dimensiones sociales y políticas de nuestra acción o de nuestra inhibición. No basta con socorrer a las víctimas e incidir en los efectos de la pobreza, es necesario desenmascarar a personas y estructuras que producen situaciones de pobreza, injusticia y exclusión social. Es precisa la participación en grupos de actividades sociales, pero lo decisivo es que los problemas de los demás calen en el pensamiento y el corazón de la gente joven. Y para hacer, hay que ser. Hay que formar personas dichosas, que sean luchadoras por la justicia y que sean felices en esa acción. Hay que educar el deseo y la pasión por los objetivos que nos humanizan.

-¿Podría usted señalar diez cuestiones sociales a asumir en proyectos educativos por familias, centros escolares y movimientos educativos?
-Me atrevo a señalar estas: Las desigualdades internacionales y la pobreza mundial; la destrucción medioambiental de la tierra; los conflictos bélicos y el militarismo; la violación de derechos humanos; la exclusión social y la pobreza en los países ricos; la inmigración; la precariedad y explotación laboral; la discriminación y violencia contra la mujer; el consumismo antiecológico y la alienación publicitaria; y la intolerancia, la xenofobia y el choque entre culturas e identidades diversas.

-¿Por qué esa insistencia suya en “educar el yo interior”?
-Nuestra sociedad es muy pobre en sabiduría vital. La mayoría de sus miembros vive hacia afuera, ignorando la riqueza de la vida interior, que es la que otorga dignidad y humanidad profunda. Niños y niñas, adolescentes y jóvenes viven en un ambiente de constante ruido y exceso de imágenes, y hay que invitarles a entrar en la senda del silencio y la concentración, a hacerse dueños del yo y de la disciplina del yo interior, como les decía Antonio Gramsci a los jóvenes obreros de Turín. Entrar en nuestro interior ayuda a desarrollar buenos sentimientos, entrena en el autocontrol, educa nuestras emociones y nos da capacidad para ser personas autónomas y conseguir autoestima sin depender de lo que otros piensen de nosotros. Y así se aprende una de las cosas más difíciles en la vida: amarse a sí mismo, algo que nada tiene que ver con el individualismo ni con el egocentrismo.

-¿Es que hoy no sabemos ya pensar, ni reflexionar?
-Aprender a pensar la vida y descubrir el sentido de la existencia me parece un objetivo educativo central. La alienación que ha creado el materialismo capitalista ha evaporado las preguntas por el sentido de la vida. La vida humana es una vida metafísica, que trasciende las necesidades materiales. Sin pensamiento y reflexión sobre las grandes preguntas existenciales nos embrutecemos y hasta podemos llegar a niveles de barbarie y sadismo hacia nuestros semejantes. La enseñanza de la filosofía y la organización de grupos escolares de teatro ayudan mucho a saber pensar y reflexionar, y a descubrir la vocación personal, los ideales altruistas y la causa social a la que una persona puede dedicar su vida. La formación del carácter y de la personalidad requiere vincular la vida a un proyecto social y político.

-¿Cómo plantear en nuestro tiempo la educación ética?
-La educación ética precisa una pedagogía para descubrir la vida buena y feliz. La ética pública y la ética de las profesiones son esenciales, pero la moral personal es también determinante. La gran cuestión ahora es el ejercicio práctico de las virtudes morales, porque, como destaca con lucidez Victoria Camps, el gran problema de la ética es que los valores no mueven a actuar. Limitarnos a proponer valores y educar en su reconocimiento es muy insuficiente. Lo que verdaderamente logra forjar una personalidad moral es la práctica cotidiana de virtudes morales que llegan a crear hábitos de conducta ética. Hay que entrenar en la capacidad de discernimiento ético, y adiestrar en el ejercicio de actos morales. Frente al relativismo y al nihilismo hemos de afirmar que no todo vale lo mismo.

-¿Qué lugar debe tener la educación estética?
-Nuestro modelo de sociedad productivista, consumista, antiecológico, injusto y precarizado es profundamente feo, es la antítesis de la belleza. Pedro Briones, unos de los personajes de la obra teatral “Las Meninas” de Buero Vallejo, le dice a Velázquez: Solo quien es capaz de ver la belleza del mundo, es también capaz de indignarse ante lo insoportable de su dolor. La dimensión estética de la vida interior es una de las fuentes de la indignación moral y de un placer hondo y gratificante. La educación del buen gusto y del paladar artístico debe ser un objetivo educativo prioritario desde la infancia. Una persona educada en el gusto estético sabe rechazar las seducciones publicitarias que incitan a gustos propios de bárbaros. Leer diariamente un poema debería ser un hábito de toda persona. Y en los centros educativos es muy conveniente organizar talleres de producción y disfrute de todas las artes.

-¿Es posible la contemplación con el actual modelo de organización social?
Desde los clásicos griegos, nuestra cultura insiste en la importancia de tener ojos contemplativos, de desarrollar hábitos de quietud y paciencia, para alcanzar una visión profunda de la vida y de la realidad. Del asombro nace la búsqueda de la sabiduría. Ver no es lo mismo que mirar, ni que contemplar la hondura de lo real. Saint-Exupery escribió en “El Principito”: No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Y Victoria Camps indica: La solicitud hacia nuestro prójimo es una consecuencia de la contemplación, sosegada y sin indiferencia, de las cosas humanas. Pero el modo de organización capitalista del trabajo y del tiempo libre, los espectáculos deportivos masivos y el frenesí de ponerse ciego impiden aprender a contemplar, meditar, y vivir con lentitud y sobriedad. La Institución Libre de Enseñanza introdujo el senderismo, y la escucha del silencio, del rumor del agua y del canto de las aves, como una práctica educativa. La práctica laica de la meditación, los ejercicios de relajación, concentración y atención plena favorecen el silencio y la paz interiores. Nietzsche afirmaba que el camino de todas las cosas grandes pasa por el silencio y que la valía de una persona se mide por la cantidad de soledad que es capaz de asumir.

-Lo digital es un soporte omnipresente: ¿Cómo considerar su uso?
-Las nuevas tecnologías de la comunicación generan excelentes servicios y oportunidades, mejoran la interacción humana y pueden favorecer la movilización social. Su uso ha formado una nueva masa, un enjambre digital que conecta a individuos aislados, sometidos a un poder exterior que controla y vigila. Adolescentes y jóvenes, ya desde la infancia son nativos digitales acostumbrados a la velocidad frenética, al cambio instantáneo, y a efectos especiales, a menudo agresivos. Hoy padecemos sobredosis y sobrepeso digital y audiovisual, y debemos impulsar su adelgazamiento. Familias y educadores deben asumir como un reto el uso crítico de las nuevas tecnologías y fomentar la reducción sustancial del tiempo dedicado al consumo audiovisual.