26/03/2012

EL MAL, UNA REALIDAD INELUDIBLE Y UN DESAFÍO ANTROPOLÓGICO, ÉTICO Y RELIGIOSO

EL MAL, UNA REALIDAD INELUDIBLE Y UN DESAFÍO ANTROPOLÓGICO, ÉTICO Y RELIGIOSO

La existencia del mal en sus múltiples formas, siempre dolorosas y a menudo trágicas, es un dato innegable. Lo hallamos dentro de nosotros y nosotras, y a nuestro alrededor. Se nos presenta en ocasiones tan denso y envolvente, que pareciera ser lo dominante de la hora que nos toca vivir. ¿Por qué el mal? ¿Cuál es su fuente? ¿Tiene algún sentido que nos sea dado entender? El mal como problema ha constituido siempre un reto para la mente humana que busca comprender. En este camino, la limitación o finitud inherentes a la condición del ser humano y del mundo se nos presentan como un inicio de comprensión. El mismo nos habla, entonces, de cierta inevitabilidad del mal. Aquella, quizá, que hacía exclamar al Apóstol: “no hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero”. Y nos exige también la renuncia a toda ensoñación de mundos perfectos aquí abajo. Pero ¿es entonces el mal el que nos tiene ganada la partida de antemano? ¿Existe acaso un mal absoluto que nos marca y domina absolutamente? ¿Dónde quedarían la autonomía, la libertad, la responsabilidad y la posibilidad misma de una ética humanas? Y, si todo ello es decisivo, lo son también las repercusiones de la cuestión del mal en lo que atañe a la comprensión, representación y vivencia de Dios, y de la religión en general. Por poner sólo dos ejemplos, que, a estas alturas, son ya clásicos. Se ha dicho que, después de Auschwitz, ya no se puede seguir pensando y hablando de Dios del mismo modo. Y, ante los millones de víctimas actuales empobrecidas, se ha planteado la pregunta de cómo decirles que Dios les ama. A la postre, y frente al mal, ¿quién es Dios?

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